El elfo resplandeciente
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Tomás Cándido, aquel chico de 18 años que sufría esa enfermedad tan rara. En un inicio, se veía reacio a establecer contacto conmigo, pero nuestro dialogo a través de la música, fue la que nos acercó e hizo surgir esta maravillosa amistad. Tomi, tenía el pelo corto y rubio, siempre estaba acompañado por su perro. La primera vez que lo vi, pensé que era extraño, tenía rasgos de duende. "Un duende del bosque, como los de La flauta mágica de Mozart”
Recuerdo cuando tocó mi violín por primera vez, interpretando el tema "Elvira Madigan" y yo intenté tocar su armónica, pero me fue imposible hacerlo igual que él.
Con el tiempo, nos
seguíamos comunicando con la música, pero fue cuando tocamos "El andante
del concierto 21", que me di cuenta que él con su música me decía que
necesitaba tocarme. Cuando fui a su casa, descubrí como era realmente Tomás, un
chico cariñoso y sensible. Pero lo que más me sorprendió fue el gran amor y
confianza que le tenía a su madre. Ese día, me mostró el violín de su abuelo,
que tocaba como si hubiera practicado toda su vida y también me mostró su
habitación, en donde me di cuenta su gusto por los cohetes y las campanas,
aunque estos le provocaban desmayarse por ser demasiados ruidosos.
Mi Tomi, era tan
inocente, tan tierno, tan ingenuo, sin maldad y él no sabía el gran don que
poseía. Cuando lo llevé a tocar el piano de cola, recordé las palabras de
Yárchik "La música no se crea, se descubre como un teorema" (Moure, 2003, pág. 124) y Tomi había
descubierto, sin saberlo, el mismo teorema que Mozart. Aguantando mis lágrimas,
tuve que mentirle a mi padre, cambié la cinta en donde Tomás tocaba el piano.
Yo no era la indicada para tomar aquella decisión por él. Por esto, al día
siguiente me dirige a su casa y le hice escuchar la verdadera cinta, donde
tocaba el piano de cola como un genio y le dije la verdad, le dije que, si la
escuchaba mi padre, su vida cambiaría, tendría un profesor de piano, aprendería
a leer y a escribir música, que ya nada sería igual.
Ahora estaba en las
manos de Tomi, su futuro. Él debía elegir, entre la vida tranquila de su valle
o un duro camino en donde probablemente se aprovecharían de su ingenuidad,
haciéndolo un joven infeliz. Pero tal vez esa infelicidad, sea un sacrificio
para la felicidad de otros, de quienes comparten su enfermedad y su música. Si
el decidía quedarse en su pueblo, lo olvidaría con un gran desgarro en mi
pecho, pero sabría que lleva la mejor vida posible. Pero si eligiera el otro
camino, lo protegería y lo compartiría con Yárchik.
Ahí fue cuando
comprendí, que aún estaba a tiempo, así que, corrí y vi a Tomi entrar a mi
casa. Cuando entré, escuché la verdadera cinta del piano y pensé "Tomi
existe", es tan puro, tan indefenso.
Y sé que empieza la
parte más difícil de mi vida junto a Tomi, quien parecía aún más hermoso, un
elfo resplandeciente

La música te ha unido con Tomi y te ha separado de mí, pero siempre recordare los diálogos musicales que teníamos. Aún te espero en la ciudad y cuando decidas regresar, estaré dispuesto a tocar una vez más las hermosas canciones que te hacían alegrar.
ResponderEliminar"Tomi es un pobre idiota, si yo tuviera su talento para la música, sería famosa" (Moure, 2003, pág. 15) Ese retrasado no aprovecha los dones que tiene o que según tú posee. Irene, has cometido un gran error al dejarlo elegir su camino, deberías haberlo impulsado a perfeccionarse como tu padre deseaba hacerlo.
ResponderEliminarQue bonito que pienses que soy alguien puro, tierno y sensible, solo mi madre me ha dicho esas cosas. Eres una persona muy especial para mi y se que me protegerás cuando inicie este nuevo camino en la música, sí.
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